De Lo Profundo

Entre pegatinas y libros de pintar

Entre pegatinas y libros de pintar

Dos hermosas flores eclipsaron nuestros corazones hace un año atrás.  Sus pegajosas sonrisas nos mostraron que nuestro primer encuentro estaría rodeado de pegatinas o “stickers” voladores y un dibujo ya pintado, cuál cuidadosamente diseñado, reflejando su nueva familia.  Una de esas flores ya esperaba conocernos.  Sus ojos mostraron un profundo temor que se convertiría en esperanza; sabía que su extenuante andar llegaría a fin para abrir paso a su nuevo hogar.  Ese día no escuché su voz, sin embargo entregó en mis manos un pedazo de su corazón porque ella estaba segura que volvería a ver su más preciado tesoro.  La otra flor no paraba de seguir nuestros pasos.  Sus ojos brillaban con emoción.  Aunque el dormilón objeto que tenía en su boca le impedía decir una palabra clara, no pudo cercar los sonidos que nos comunicaban lo que quería, y descubrir su contagiosa risa.  El tiempo pasó de prisa.  Y aunque ese día no durmieron en sus camas, nos llevamos la combinación de sus nuevos apellidos y la esperanza de que días después volveríamos por ellas y su equipaje.

Hoy medito en lo que aprendí ese día:

Cuando se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José, el pueblo de Israel fue oprimido con sus cargas y más adelante, este rey ordenó a todo su pueblo a que echase al Nilo todo niño que naciese.  Al nacer Moisés, la orden del rey seguía vigente, por lo tanto, el niño debía ser echado al río (Éxodo 1, 2).  Moisés nació para el tiempo de una escalofriante orden: “si es un hijo, le daréis muerte” (Éxodo 1:16), y de amargas circunstancias de una vida bajo opresión.  Al pueblo de Israel le tocó vivir esas circunstancias, y Moisés nació para ese tiempo.  Pero tanto el pueblo de Israel, Moisés, y los que le oprimían, vieron que Dios sigue estando presente para sus hijos:

a. sostuvo a las parteras que le temían, que no hicieron como el rey de Egipto les había mandado
b. favoreció a las parteras; y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy poderoso
c. prosperó sus familias
d. salvó a Moisés.

¿Cómo esta enseñanza es relevante para mi vida?

  1. Dios está presente.  Dios me enseñó que aunque nosotros nos fuimos sin nuestras hijas aquel día, él estuvo presente en sus vidas antes de nuestra llegada como padres y continúa presente hoy en nuestras vidas como familia. Su gracia es suficiente.
  2. Dios es el autor de los milagros. Él hizo un milagro en ese lugar.  Todos los ojos que estuvieron sobre nosotros evaluando cada detalle de ese encuentro, presenciaron que un milagro ocurrió ese día: ellas ya eran nuestras hijas y nosotros éramos sus padres. El Señor nos favoreció y multiplicó nuestra familia.
  3. Dios da abundante gracia.  Llamarnos familia es bajo el puro afecto de su voluntad.  Él nos colma de abundante gracia.  Lo reconozco en mi vida porque a través de Jesús es que tuvimos el privilegio de ser escogidos como hijos adoptivos, por gracia.
  4. Jesús es nuestro único Salvador. Hoy pudimos celebrar un año de vida juntos como familia, un año de escuchar dos hermosas niñas llamarnos papá y mamá en medio de los logros y las adversidades.  El sacrificio de Jesús hizo esto posible, sino la ira de Dios hubiese caído sobre nosotros y hoy no estaría compartiendo aliento de vida. Juan 3.16

Ya sea que sus voces suenen de manera desesperada, abrumada o feliz, agradezco al Señor el privilegio que me ha dado, pues un año después sigo escuchando que dos hermosas princesas me llaman mami.

 

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2 thoughts on “Entre pegatinas y libros de pintar

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